Solo niños en Rural Kamp
Hay experiencias que entretienen… y otras que marcan para siempre. Rural Kamp es ese verano en el que vuestro hijo desconecta de las pantallas, conecta con la naturaleza y descubre de lo que es capaz. Aventuras, nuevas amistades y momentos reales en un entorno seguro donde crecer, disfrutar y volver a casa siendo un poco más fuerte, más seguro y más feliz.
Hay veranos que pasan sin hacer ruido… y otros que marcan un antes y un después. Este no es solo un campamento. Es ese primer momento en el que tu hijo empieza a descubrir de lo que es capaz, lejos de pantallas, rutinas y prisas. En viajarconpeques lo sabemos bien: no buscáis solo entretenerles, buscáis experiencias que les hagan crecer, que les aporten seguridad, autonomía y recuerdos reales. Por eso nace esta propuesta en Cantabria, en un entorno donde la naturaleza no es un decorado… es la protagonista de cada día. Durante una semana completa, entre el 6 de julio y el 2 de agosto, vuestros hijos vivirán algo muy diferente a lo que están acostumbrados. No se trata solo de actividades, sino de todo lo que ocurre entre ellas: las primeras amistades que surgen sin esfuerzo, la risa compartida, la sensación de libertad y ese orgullo silencioso cuando descubren que pueden hacer cosas por sí mismos.
El campamento se desarrolla en el Albergue La Casa de Gándara, un espacio rodeado de naturaleza donde todo está pensado para que os sintáis tranquilos desde el primer momento. Sabemos que confiar en dejar a vuestro hijo unos días no es una decisión cualquiera. Por eso, cada detalle está cuidado: desde el entorno hasta el equipo humano que les acompaña. Aquí no hay prisas. No hay ruido innecesario. Hay aire puro, caminos por descubrir y experiencias que conectan con lo esencial.

Un lugar diseñado para que niños y niñas de 6 a 12 años desarrollen su independencia, refuercen su autoestima y aprendan a relacionarse de forma sana, siempre acompañados por un equipo de monitores profesionales que no solo cuidan… sino que conectan con ellos. Cada actividad tiene un propósito. Cada día, un aprendizaje. Cada momento, una oportunidad. Mientras ellos viven su aventura, vosotros sentís algo igual de importante: la calma de saber que están en buenas manos.
tinerario Rural Kamp: una semana que transforma más de lo que imaginas
Día 1 · El comienzo de algo que no olvidarán
El primer día empieza con esa mezcla de emociones que conocéis bien: ilusión, nervios y ese momento en el que os despedís sabiendo que están dando un paso importante. A partir de las 18:00, los niños llegan al campamento y, desde el primer instante, todo está pensado para que se sientan acogidos y tranquilos. El equipo de monitores les recibe con cercanía, ayudándoles a integrarse a través de juegos que rompen el hielo de forma natural. Tras organizar sus habitaciones y conocer el entorno, comienzan a sentirse parte de un grupo. La jornada avanza entre dinámicas suaves, descubrimiento del espacio y primeras conexiones, hasta terminar con una velada llena de risas que les permite acostarse con una sensación nueva: ya no están solos, empiezan a pertenecer.
Día 2 · El día en el que empiezan a creer en sí mismos
El segundo día despierta algo diferente en ellos, una mezcla de curiosidad, emoción y ganas de probar cosas nuevas. Las actividades de aventura como la tirolina o el rocódromo no son solo diversión, son pequeños retos que les enfrentan a sus propios miedos y les enseñan que pueden superarlos. A lo largo del día, combinan estos momentos con talleres creativos donde diseñan, crean y comparten, además de juegos y dinámicas que fortalecen la convivencia. Sin darse cuenta, empiezan a soltarse, a confiar más en ellos mismos y en los demás. La jornada termina con una actividad nocturna llena de misterio e imaginación que refuerza el vínculo del grupo y les hace sentirse parte de algo especial.
Día 3 · Cuando se atreven a mostrarse tal y como son
Este día marca un antes y un después porque dejan de observar para empezar a participar de verdad. La creatividad toma protagonismo a través de actividades inspiradas en el universo Disney, donde el juego en equipo, la imaginación y la cooperación se convierten en el centro de todo. Preparan coreografías, se expresan con libertad y disfrutan del proceso sin miedo al error. A lo largo del día se nota cómo crece su confianza y cómo empiezan a sentirse cómodos siendo ellos mismos. Por la noche, la velada temática se convierte en uno de los momentos más especiales, donde se disfrazan, bailan y comparten sin vergüenza, reforzando su autoestima y creando recuerdos que difícilmente olvidarán.
Día 4 · El equilibrio entre energía, naturaleza y calma
Después de la intensidad de los días anteriores, este día invita a conectar con el cuerpo y con el entorno de una forma más tranquila. Comienzan con actividades suaves como pilates adaptado, seguido de juegos acuáticos que combinan diversión y trabajo en equipo. Más tarde, el contacto con la naturaleza se hace protagonista en el río, donde juegan, exploran y disfrutan de una experiencia diferente, aprendiendo también a respetar el entorno. La jornada avanza con momentos de calma y desconexión hasta terminar con una velada de cine al aire libre, un espacio relajado que les permite bajar el ritmo y compartir un final de día sereno y acogedor.
Día 5 · Pequeños momentos que se convierten en grandes recuerdos
Este día está lleno de aprendizajes que no se explican, se viven. Participan en actividades como el huerto, donde descubren el valor de cuidar y respetar la naturaleza, y talleres creativos que estimulan su imaginación y su paciencia. A lo largo del día, las dinámicas en grupo y los juegos refuerzan el compañerismo, mientras que la búsqueda del tesoro añade emoción y aventura. Pero es al caer la noche cuando ocurre algo especial: alrededor del fuego, entre canciones y cuentos, se crea una conexión real, de esas que no se olvidan. Es uno de esos momentos que marcan la experiencia sin hacer ruido
Día 6 · La celebración de todo lo que han vivido
Llegados a este punto, ya no son los mismos niños que llegaron el primer día. Se nota en su forma de relacionarse, en su seguridad y en cómo disfrutan de cada actividad. La excursión a la cascada les permite conectar con la naturaleza desde otra perspectiva, disfrutando sin prisas y compartiendo con el grupo. Por la tarde, la energía vuelve con juegos al aire libre llenos de diversión, barro y risas. Tras un momento de relajación, llega la gran celebración final: música, disfraces y una fiesta que pone en valor todo lo que han vivido durante la semana. Es el cierre perfecto para una experiencia que ha dejado huella en cada uno de ellos.
Día 7 · El regreso que lo cambia todo
El último día llega con emociones mezcladas. Recogen sus cosas, se despiden de sus compañeros y comparten los últimos momentos con el grupo y los monitores. En la asamblea final, expresan lo que han vivido, lo que han aprendido y lo que se llevan consigo. Y aunque el campamento termina, la experiencia continúa en todo lo que han ganado durante estos días. Vuelven a casa con nuevas amistades, con historias que no dejarán de contar y, sobre todo, con una seguridad en sí mismos que vosotros notaréis desde el primer momento. Porque este no es solo un campamento, es una experiencia que transforma y que, para muchas familias, marca un antes y un después.

Un lugar donde desconectar del mundo… y volver a lo que realmente importa
Rodeado de naturaleza, lejos del ruido y de las pantallas, este campamento se desarrolla en el Albergue La Casa de Gándara, en pleno corazón de los Valles Pasiegos. Un entorno que no solo se ve bonito, se siente. Aquí el ritmo cambia, el aire es más limpio y cada espacio invita a que los niños vuelvan a disfrutar de lo esencial: jugar, explorar y ser ellos mismos sin prisas. Bosques, ríos y amplias zonas verdes forman parte del día a día, creando un escenario perfecto para que cada niño se sienta libre pero, al mismo tiempo, cuidado y protegido. Las instalaciones están pensadas para su comodidad y bienestar, con habitaciones compartidas totalmente equipadas, alimentación casera que les conecta con lo natural y espacios preparados para que la actividad no se detenga ni siquiera cuando el tiempo cambia.
Todo está diseñado con un propósito muy claro: que se sientan como en casa, pero con la emoción constante de estar viviendo algo nuevo. Sabemos que dar este paso no es fácil. Como madre o padre, lo que buscáis no es solo un campamento, es tranquilidad. Es saber que vuestro hijo está en manos de personas que entienden lo que necesitan en cada momento. Por eso, en viajarconpeques, este programa cuenta con un equipo de monitores titulados que no solo tienen experiencia, sino vocación. Profesionales que llevan años acompañando a niños en este tipo de experiencias y que saben cómo hacer que cada uno se sienta visto, escuchado y valorado. Aquí no hablamos de grupos masificados ni de dinámicas impersonales. Todo está pensado para niños de 6 a 12 años, adaptando actividades, ritmos y convivencia a su etapa. Cada niño tiene su espacio, su tiempo y una atención real, cercana y constante.
Porque más allá de supervisar, el verdadero valor está en cómo les acompañan: fomentando la confianza, ayudándoles a expresarse, enseñándoles a convivir y reforzando algo que marcará su crecimiento… la seguridad en sí mismos.
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